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El experimento del Doctor Escá.

Y sin darse cuenta, creó al monstruo. Y lo alimentó noche tras noche hasta conseguir darle forma. El monstruo se estableció en Villa Diógenes y allí guardaba todos sus trofeos, incluida la Visa del Doctor Escá y uno de sus brazos que consiguió arrancarle...
Con el brazo que le quedaba, el Doctor Escá seguía dándole caricias cada noche.

La dueña de los esclavos

Y con el poder de sus ojos tuvo un esclavo. Luego miró y tuvo otro, y otro...Y cuando descansó por un breve momento su mirada ya tenía mil esclavos. Y a esos mil esclavos les siguieron otros centenares de miles. Y ella se puso a caminar. Y ellos detrás, sin hablar, hasta llegar al Castillo de la dueña de los esclavos...



(Alexia Giordano, foto de Emily Soto)

He comprobado de manera casual que muchos de mis microrrelatos empiezan por la palabra "no". No me siento negativo, ni negado, ni triste. Quizás no sea yo. Simplemente estoy harto de ver como mi vecina consume todas las cervezas de mi nevera y todavía no he conseguido follármela. Tampoco soporto el baile de disfraces de su consentida niñita, que adora vomitar en mis pantalones. A pesar de todo, cuando despierte y vuelva a ser yo, prometo no empezar el relato con la palabra "no".


El payaso del circo

No quiero ir al circo. Hay algo en ese payaso que me impide desarrollar limpiamente mis inquietudes por contemplar el mayor espectáculo del mundo. Es posible que luego no ocurra nada. Pero, entonces, ¿de dónde han salido todos esos cadávares que guarda en el anexo de su camerino? No quiero ir al circo.

La tarta de cumpleaños

No la había comprado por una de esas equivocaciones. Me miró y me fui corriendo por toda la ciudad hasta que pude encontrar una tarta acorde con esa mirada. Ahora sí que estoy seguro que será el mejor cumpleaños de este año...

Jugando...

No te hagas la despistada. Estás jugando. Haces que no me miras y no dejas de seguirme, escondida detrás del silencio. Pues, ¿sabes? Yo también puedo jugar...

El secreto de la caja de madera

No abras la puerta. No hables con extraños. Y sobre todo, nunca mires lo que hay dentro de la caja de madera...

La mujer de antes...

Pudo verla de nuevo, como cada tarde. Ella hacía caso omiso a las feromonas sexuales que envolvían el ambiente. Cada vez más denso. Cada vez más. Entonces, -él-, escondido en su miedo, habló. Era mucho; hablar para un miedoso en el año 1910. Al articular la primera palabra, la mujer de antes ya había pasado de largo...
Sigue...
Sí...

El almacen de las maletas perdidas

Encontró tantas maletas perdidas, que no sabía por cuál empezar. A abrir, a seleccionar, a distribuir, a mirar, a pensar, a devolver. Dentro había ropa, papeles, dinero, sueños, regresos, llantos y risas. Todas eran casi iguales, aunque por dentro muy diferentes... En una de ellas encontró un zapato, sin par. En otra un instrumento de dudoso nombre. También prendas con aromas y perfumes que lo trasladaron, lo turbaron...Y su favorita es la que iba llena de fotografías. Si perdiste la maleta, habla con él. Pero, ¿dónde está él?

Un pequeño asunto de invisibilidad

Y sin causa aparente le dijo ese temido "ya no te quiero". Aunque poco importa, ya que nada le duele al hombre invisible...

La traductora inglesa

Con su bicicleta recorre la ciudad entera. Y traduce. Londres a sus pies. Traduce...

Baile de máscaras...

No me reconoces...Pero quiero aprovechar este baile de máscaras para advertirte de las enmiendas y cuidados que debes tener con ella. Las apariencias engañan y ella te engaña. Ten cuidado.
Ya lo sé. Por eso he venido al baile de máscaras...

La aristócrata

Se arregla y se perfuma para la ocasión. Sabe decir "no" cuando realmente sus ojos dicen "sí". Como si de una improvisada flautista de Hamelin tratara, arrastra tras su halo de perfume de lujo a una cohorte de platónicos enamorados que desean su piel. Pero ella sabe que ninguno de ellos tiene las cualidades mínimas para calentar sus sábanas de fino satén. Cena de embrujo con velas y pre masaje en los pies. Después, roce de labios en sus hombros...Y aún así no cae rendida en los brazos del presunto amante creído de haber conseguido su cotizada presa. Sigue soltera y con millones de compromisos y ranas despechadas sin derecho a primer beso.
Como cada día, sale en busca de. Con sus braguitas compradas en Cherie París y perfumadas (por si acaso). Pero ese por si acaso, todavía no ha llegado. Bueno, una vez sí. Pero no fue lo que ella esperaba, y sin piedad arrojó a su amante por la taza del inodoro de grifos de oro.
Hoy ha decidido ir a la fiesta sin carroza, sin complejos, sin excesivas grandezas, incluso sin braguitas...Hoy quiere empezar el primer día del resto de su vida. Hoy perderá sus zapatos esperando que un despistado Príncipe los encuentre. Hoy quiere amar en la alfombra, en el jardín, en la cocina e incluso en la cama. Hoy quiere despertar...

El paso del tiempo

Pienso atraparte esta noche.
No te vas a ir tan deprisa,
como las veces anteriores.
Al igual que en las noches pasadas,
ella se quedó vigilante...
Muda, en estado de letargo.
Esperando la acción,
que por otra parte no llega.
Y el tiempo fue pasando,
y como cada noche
se fue.

¿Microqué?

Me acaba de llamar Alberto y entre otras cosas sabrosas todas, me tengo que escuchar que yo no soy capaz de hacer cosas grandes. Todo lo que hago es pequeño. Sí; eso me dice. Bien es verdad que en llamadas largas suelo desconectar, ya que siempre he sido partidario de llamadas pequeñas. Y al pensar por mi parte esto de las pequeñas llamadas es cuando me he dado cuenta que igual tiene razón Alberto. Me gustan los pastelitos pequeños, las pequeñas vacaciones, los pequeños coches, los pequeños relatos...Mientras duraba la llamada he revisado mi blog de microrrelatos y soy consciente de que no tengo ningún relato largo. Aunque eso tiene fácil arreglo. Es cuestión de no poner ninguna raya de separación entre uno y otro y ya tengo un relato largo. Pero no. Los hechos, bien hechos están y no voy a enlazarlos, mutilarlos, ni nada por el estilo.
Supongo que algún día me levantaré inspirado y haré un gran relato. Uno de esos que para describir cómo es la estancia se necesitan ocho páginas. O para decir cómo es el mantel donde apoya el vaso el protagonista, somos partícipes hasta de donde proviene el hilo que lo cosió.  Respeto y admiro a los que escriben cosas así, pero yo me veo incapaz de pasar de seis o siete lineas en cualquiera de mis textos. Adoro lo conciso, lo breve. Y extenderme puede llegar a producirme un estado de frenesí imparable que logre acabar con mi afición de plasmar letras y pensamientos.
Y la cosa no acaba aquí. No solo Alberto me ha llamado hoy. He recibido otra llamada para recordarme mi afición a mirar todo con lupa. Mientras me lo decían, me sentía cuál inspector siguiendo la pista verdadera. Como un explorador en busca de su premio. Pero el tema no era para elevar mi ego. Más bien para hundirme y decirme claro y alto mis maneras de fisgonear y de buscar donde no debo. Cuando uno busca donde no debe, encuentra lo que no quiere. Me dicen. Me repiten. Y acepto mis culpas. Así como acepto mis miedos y mis fobias.
Todo esto me ha dado el ímpetu que necesitaba para hacer esa llamada que yo tenía que hacer desde hace un tiempo. Y esta vez no iba a ser breve. Estaba dispuesto a que fuera extensa. Tenía que hablar con ella, y decirle que no me gustan las mentiras piadosas. Prefiero una verdad dura, antes que una mentira piadosa. Siempre he pensado que quien hace algo mal, lo vuelve a hacer. La que cuesta es la primera vez; pero la segunda sale fácil. Y mucho más fácil la tercera. Y así, hasta que uno se convierte en el campeón del mundo de mentiras piadosas. La llamada ha sido larga. Pero el resultado nulo. Ningún paso hacia adelante. No obstante, en los tiempos que corren, quedarse como uno está ya es buena cosa.
En otro orden de cosas, y casi acabado el día, llega ese momento de quedarme conmigo mismo y de pensar largo rato en mis propósitos. Primero, que se pare el viento, que atraviesa mis ideas y me nubla mis hechos. Luego, dar un paso al frente y seguir. Seguir sujeto para no caerme. Y pensar. Pensar que no me gustan los relatos largos, ya que los quiero breves. Aunque agradezco la llamada inesperada de Alberto. He seguido pensando que lo miraré todo con lupa. Lo veo todo mejor. Y que no soporto las mentiras piadosas, ni que me digan que lo hacen para no dañarme. Llega un momento que lo único que me daña es saber que es una mentira piadosa. El resto del mensaje ya no me daña.
Y, esto es lo que pasó.

Ellas...

Ellas me miran. No me hacen nada, pero me inquietan con su mirada fija. Estoy a punto de dormirme, aunque trataré de resistir el abrazo de Morfeo. Es seguro que mi destino está en manos de Ellas si el sueño logra vencerme. Tengo que ser fuerte y mirarlas. Mirarlas tanto como Ellas me miran a mí. Pero tengo sueño...Y ya puedo notar como sus cuatro manos empiezan a recorrer mi cuerpo sedado...

La lista de la compra

* Necesito tomates, patatas, detergente, arroz y agua y agua.
* A ver, espera, ¿he entendido bien? 
* Sí. Tomates, patatas, detergente, arroz y agua y agua.
* Vale. No es por incordiar, pero me parece que hay algo que está duplicado...
* ¿Duplicado?
* Bah, no, déjalo, dame la lista que me voy a comprar.
* No te olvides del agua.
* Y del agua.

La mujer de plástico

Después de vivir tras el cristal del escaparate durante los últimos sesenta años, la mujer de plástico se ha cansado. Son muchos años de ser vestida y desvestida. Muchas modas pasajeras y otras duraderas. La mujer de plástico ya no quiere ser maniquí. Se ha marchado. En un gran bolso se ha llevado varias prendas, y camina con estilo por la ciudad. Sus músculos de plástico nunca se cansan, ni tampoco tiene frío. Después de unas rebajas aún recuerda cuando estuvo desnuda durante tres días y tres noches. Todos la miraban. Estilizado cuerpo y curvas casi perfectas. Y ella sin inmutarse. Hasta hoy, que ha decidido marcharse. 
Se tomó algo en el Bar Puf, y dos habituales la confundieron con una conocida Madame que regentó el Rosa Adore. Craso error. Sus facciones plásticas se arrugaron por momentos y su fría mirada alejó a esos indeseables. La mujer de plástico busca nueva vida. Se la merece...

En ese estado de levitación mental

Existen formas y formas de entender los motivos y las maneras de mi repetida confusión en cada cita que hemos tenido. En la primera de ellas me quedé en un estado de levitación mental. En la segunda, aún no había bajado de ese estado mental y casi físico, y sin más, te desnudaste. ¿Y quieres que lo entienda? No. Ni puedo, ni quiero entenderlo. La tercera cita fue tu cumpleaños, y te pusiste los zapatos que más me gustan. Y en la cuarta, nos fuimos a vivir juntos. Levitación.
Creo que fueron tus ojos... 


No puedes escaparte...

No lo intentes. No puedes escaparte. Acaso crees que me he tomado tantas molestias, para sin más, dejarte ir. No, ni lo sueñes. Voy a cortarte en pedazos. O es posible que piense cosas peores para ti...

Ya todo me parece normal

Creo que he llegado a una etapa de mi vida en la que absolutamente nada puede sorprenderme. Hasta hace poco aún tenía ciertas esperanzas de sorpresa, pero se acabó...
Quiero imaginar algo. Algo diferente, extraordinario; pero por mucho que imagine, todo me parece normal.

Amantes

Y como si nada hubiera pasado, se quedaron sentadas, inmóviles, casi sin mirarse. Y así siguieron desnudas un buen rato, hasta que María acertó a preguntar -en voz baja- si una sesión de sexo podría ser el inicio de una historia de amor...

La Condesa

¡No, Condesa! No pienso bailar con vos. Los otros empezaron así, y mal acabaron entre sus sábanas. Conocida es la suya (su) afición en el Condado de coleccionar cadáveres en el armario. Los usa, los tira, los mata, los guarda amontonados, perdidos a su suerte eterna.
Razón tenía el Conde de sus celos enfermizos y de esas posesiones con cadenas. Hizo bien en suspender todos los bailes...Aunque de poco le sirvió.

Vida en Mundo-Maniquí

No tengas ninguna duda. Todos los maniquís tienen vida. Todos. Absolutamente todos. Te miran, te observan, te siguen por las noches. Cuando sueñas, son los personajes que ves en movimiento, pero nada más despertar, casi siempre sueles olvidar lo ocurrido. Esas voces que salen de todos los sitios, son ellos.
Los políticos, no existen; son maniquís. Incluso todos los futbolistas famosos son maniquís. Y las top-models, y los presentadores del telediario. Y tú, y yo...Hay vida, sí, pero somos maniquís...

El Inspector y Dodó

Dodó, yo haré de ti un hombre, un buen policía. Simplemente tienes que caminar a mi lado y copiarme. Pero, por favor, nunca digas "sí", di "oui".

El vestido color sepia del día 22

Y como cada día 22, vuelvo a abrir el armario para tener entre mis manos el vestido color sepia. Y lo seguiré haciendo, igual que cuando estabas viva...
No. No dejaré que te lo pongas. No insistas.

La niña gris

Y cada noche que sin más te apareces al lado de mi cama, consumes el poco oxigeno que tenemos. Y cada mañana, me despierto sin aire...

Fría y sensible

Los polos opuestos en sintonía mezclada. O también, ese refinado arte de mezclar a partes iguales la frialdad y la sensibilidad. Difícil, pero no imposible para ti. ¡Qué bien me lo pasé en tu cama! Y eso, que no te quería...

Conversaciones con un espejo roto

Ya te decía yo que no es bueno hablar tanto con el espejo. Eran ya muchas preguntas para él, y excesivos los vestidos. Nunca debiste ponerte el azul. Lo compraste pensando que eras una bomba sexual y no pasabas de ser una bombilla.
No llores.
Ahora el espejo está roto, como siempre debió estar. Y mudo. Ah, y no me hagas caso, no eres una bombilla. Eres una sexual.
De todas maneras, prefiero que hables con los vasos. Son más comprensivos que los espejos.

En dirección contraria...

Hay muchos, pero muchos, que vienen en dirección contraria. No les comprendo. Con lo fácil que es ir en la dirección adecuada...

3 letras, ¿Edgar Allan?...

A ver, te daré más pistas. Tiene tres letras. Empieza por "P" y termina por "E". ¿Edgar Allan?...

La habitación semi oscura

Pues, llámame raro o miedoso, o lo que quieras; pero yo no entro en la habitación semi oscura. Por la noche se oyen ruidos, por el día, extraños gemidos. Y además, siempre con tan poca luz. Mira, si eres tan valiente, entras tú y luego me lo cuentas...

En completo estado de parasomnia

Estuvimos largo rato hablando y por mucho que le pregunté nunca me contó lo que yo quería saber. Tuve que aprovechar por la noche, cuando ella entra en un completo estado de parasomnia. Allí me contó...

La mosca gigante

¿Hablo de nuevo con usted? ¿Es la Policía? A ver, señor agente, no se lo vuelvo a repetir. Hay una mosca gigante en mi casa. Pidan refuerzos, hagan lo que quieran, pero vengan rápidamente antes de que me devore...

Estuvo escondida en el armario y salió un poco antes de tiempo...

Peggy salió del armario antes de tiempo. Simplemente hubiera tenido que esperar un poco más. No le sirvieron de nada esos momentos de oscuridad e incertidumbre. Ahora vive, fuera del armario, pero todo el mundo sabe que salió antes de tiempo...

Mi piel es tuya...

"Mi piel es tuya..." le dijo ella, mientras él no daba crédito a lo que sus excépticos oídos transmitían a su cerebro. Para la ocasión, se había puesto una falda, ni muy corta ni muy larga, con unos exquisitos zapatos de tacón y unas medias de liguero.
Se sentaron juntos en el vehículo estacionado, al lado del Club de Polo, y ella esperó a que no pasara nadie por la acera, para besarlo apasionadamente. Envueltos ambos en líquidos de amor, ella le invitó a descubrir la suave piel que bajo su falda se adivinaba. La mano de él recorrió sus muslos y sumido en un estado de ensueño se atrevió por leves momentos a adentrarse en un terreno más íntimo. Mientras las manos de ambos daban rienda suelta a sus instintos más apetecibles, seguían comiéndose a besos; y sus lenguas jugaban a descubrir nuevos impulsos.
Un bullicio de gente que se aproximaba por la acera de enfrente hizo que se detuvieran un momento. Se miraron a los ojos, y compartieron la mejor de sus sonrisas. Después, ella le susurró al oído: "vámonos ya, quiero más". Y él arrancó su vehículo, a la vez que su olfato disfrutaba de un torrente de rosas.
Deseó que todos los semáforos estuvieran en verde, mientras notaba elixir de jugos en su cuerpo. Ya en la habitación, pudieron saber aquello que tantas veces habían leído pero que nunca habían probado. Supieron que era eso de parar el tiempo, de sentir, de adivinar, de disfrutar del gusto perdido, y de notar la sensación de recibir la piel de la persona amada...

Cara-de-pez es el culpable de mis pesadillas...

Oye, Cara-de-pez, mírame a la cara. No podrás esconderte, ahora que conozco todas tus verdades y mentiras. Eso sí, el problema que tengo es que ahora no puedo diferenciar cuando me engañas. Casi era preferible no conocerte tanto. Con tus astucias y tus lágrimas tratas de confundirme. Y por las noches, como cada noche de las últimas noches, vuelvo a enredarme despierto, aniquilado con los personajes de tus pesadillas...Pero me niego a aumentar mi sobredosis de somníferos...

Pocas caras

He perdido ya varias caras. No me importaba, ya que tenía muchas. Pero ahora la cosa ya me empieza a preocupar. A partir de ahora tendré que andarme con ojo, y con boca, con oreja, con nariz, con labios, con pómulos...

La rebelión de los muñecos de guiñol

Estaban tan cansados los muñecos de guiñol de la vieja fábrica, que decidieron pasar a la acción. Eran ya muchos años de soportar a niños que se colaban por detrás de los telones para ver la trampa. Lo que no sabían los incautos niños es que no había trampa. La actuación final fue sin telones, sin hilos, sin sillas, sin mentes. Ojos de pasión, bocas abiertas, ganas de correr, pero las piernas no responden. Los niños de la vieja fábrica quedaron inmóviles y pagaron cara su osadía.

La máscara

Y llegado el momento, se quitó la máscara. Y así pude comprobar como era verdaderamente. Desde ese preciso instante no logro discernir entre la realidad y la ficción. Pero no me importa...