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La rebelión de los muñecos de guiñol

Estaban tan cansados los muñecos de guiñol de la vieja fábrica, que decidieron pasar a la acción. Eran ya muchos años de soportar a niños que se colaban por detrás de los telones para ver la trampa. Lo que no sabían los incautos niños es que no había trampa. La actuación final fue sin telones, sin hilos, sin sillas, sin mentes. Ojos de pasión, bocas abiertas, ganas de correr, pero las piernas no responden. Los niños de la vieja fábrica quedaron inmóviles y pagaron cara su osadía.