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La aristócrata

Se arregla y se perfuma para la ocasión. Sabe decir "no" cuando realmente sus ojos dicen "sí". Como si de una improvisada flautista de Hamelin tratara, arrastra tras su halo de perfume de lujo a una cohorte de platónicos enamorados que desean su piel. Pero ella sabe que ninguno de ellos tiene las cualidades mínimas para calentar sus sábanas de fino satén. Cena de embrujo con velas y pre masaje en los pies. Después, roce de labios en sus hombros...Y aún así no cae rendida en los brazos del presunto amante creído de haber conseguido su cotizada presa. Sigue soltera y con millones de compromisos y ranas despechadas sin derecho a primer beso.
Como cada día, sale en busca de. Con sus braguitas compradas en Cherie París y perfumadas (por si acaso). Pero ese por si acaso, todavía no ha llegado. Bueno, una vez sí. Pero no fue lo que ella esperaba, y sin piedad arrojó a su amante por la taza del inodoro de grifos de oro.
Hoy ha decidido ir a la fiesta sin carroza, sin complejos, sin excesivas grandezas, incluso sin braguitas...Hoy quiere empezar el primer día del resto de su vida. Hoy perderá sus zapatos esperando que un despistado Príncipe los encuentre. Hoy quiere amar en la alfombra, en el jardín, en la cocina e incluso en la cama. Hoy quiere despertar...