Y sin darse cuenta, creó al monstruo. Y lo alimentó noche tras noche hasta conseguir darle forma. El monstruo se estableció en Villa Diógenes y allí guardaba todos sus trofeos, incluida la Visa del Doctor Escá y uno de sus brazos que consiguió arrancarle...
Con el brazo que le quedaba, el Doctor Escá seguía dándole caricias cada noche.
