Ya te decía yo que no es bueno hablar tanto con el espejo. Eran ya muchas preguntas para él, y excesivos los vestidos. Nunca debiste ponerte el azul. Lo compraste pensando que eras una bomba sexual y no pasabas de ser una bombilla.
Ahora el espejo está roto, como siempre debió estar. Y mudo. Ah, y no me hagas caso, no eres una bombilla. Eres una sexual.
De todas maneras, prefiero que hables con los vasos. Son más comprensivos que los espejos.
