He comprobado de manera casual que muchos de mis microrrelatos empiezan por la palabra "no". No me siento negativo, ni negado, ni triste. Quizás no sea yo. Simplemente estoy harto de ver como mi vecina consume todas las cervezas de mi nevera y todavía no he conseguido follármela. Tampoco soporto el baile de disfraces de su consentida niñita, que adora vomitar en mis pantalones. A pesar de todo, cuando despierte y vuelva a ser yo, prometo no empezar el relato con la palabra "no".